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2002

Galería Italia. Alicante

Texto catálogo exposición Signo sin orillas. Galería Italia. Alicante, Abril 2002.

SIGNO SIN ORILLAS

José Manuel Ciria

El pintor puede pretender evidenciar la asociación de ideas, ofreciendo un ambiente o entorno “estético”, pensado y creado con dicho fin. El cuadro, quizás, nunca pueda volver a interpretarse como un elemento aislado y, sin embargo, el mercado marcará siempre la disección y el lógico desmembramiento. Las exposiciones como propuestas, configuradas por diferentes obras, elementos u objetos y con una poética global. Por tanto, obras que se circunscriben a un supuesto argumentario y que al tiempo han de funcionar por sí mismas. Rara “conceptualización” de la pintura, que lucha por generar una plataforma de legitimación, sin encontrar los discursos adecuados y se deja contagiar por la banalidad de las aventuras multimediáticas, que a su vez anhelan el mismo soporte. Maëlstrom después de los “ismos” que nos arrastra a todos por igual, ansiando una seguridad que ya no existe, y una amarra a la que sujetarnos. Nihilismo nihilista que en ocasiones permite ver algún destello entre los descreídos.

Pintura obstinada aún perdidos los complejos, se pretende sucedánea de la realidad, de su propia realidad, o la imposibilidad de sustituir la misma realidad por la pintura. Sensibilidad y mentalidad actuales siempre en la cuerda floja. Artistas, por tanto, sin opinión propia en el espectáculo circense del “más difícil todavía”, perdida la perspectiva de elaborar las vivencias, sensibilidades y ambientes, reducidos o limitados a la puesta en escena. Película sin guión y con diálogos cada vez más pobres y anodinos.

Pintura obstinada, que propugnaba la estratégica disolución de las barreras entre el arte y la vida. Ahora, las diatribas y problemas y el intento de superación se formula pertinaz y persistente, lo que parece otorgar actualidad a un arte que parecía, para muchos, superado hace ya más de treinta años.

Pintura de este momento, lejos de la materia adoptada como símbolo, lejos de una postura política consciente. Pintura descreída ante un rol de compromiso y conciencia, la actitud vaciada de crédito, en una lucha revuelta entre el bombardeo mediático de los logotipos y las grandes marcas y los signos de contestación.

La reflexión sobre aquello que nos ha sido presentado bajo una estricta pureza y asepsia. Comprender el activismo y la acción de épocas pasadas, con la pretensión, ingenua pretensión, de tomar partido y modificar en algo la sensibilidad y el sentimiento que nos rodea. Hoy, quizás, habría que pintar cuadros que maten a personas, para que la pintura se entendiera como un campo de minas que apela a algo más que la mera contemplación y el decorativísmo.

La palabra, encaramada con mayor fundamento que la propia imagen, ha generado ya su propia crisis. Si no fuera así, posiblemente, cualquier manifestación seria legitimada instantáneamente al ser hermeneutizada. Ha de pedirse más a artistas y hermeneutas, mientras, la pintura se hace fuerte pintándose, agazapada y a la espera y, con mayores pretensiones formales que el deseo de transmisión de determinados contenidos excesivamente reformulados.

Acercarse o alejarse, posiblemente sea la cuestión, a una mentalidad o nueva forma de pensar, que supere la borrachera posmoderna de los noventa y las manifestaciones postpop que continúan enceladas en la época de esplendor del vanguardismo neoyorquino.

Mientras, continuar pintando, sacrificados en la radicalidad de una busqueda solitaria y marginal, a la espera de una orilla.