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Alicia Murría. Madrid. 2005.es

Libro monográfico “Las Formas del Silencio. Antología crítica” (los años 90). Madrid 2005.


 

SOLO LA LUZ PROVOCA SOMBRAS

Alicia Murría

 

La pintura de José Manuel Ciria se construye mediante planos y entrecruzamientos, niveles físicos que se solapan abriendo el campo de la significación, la interpretación, la lectura. La complejidad de este método responde, de un lado, a un programa conceptual rigurosamente planteado; de otro, a un exhaustivo conocimiento de los materiales y sus comportamientos. El resultado de esa armonización provoca en quien se acerca a su pintura la sensación de haberse dado como sin esfuerzo. Un juego de equilibrios precarios entre el peso y la levedad, la densidad y la sugerencia, la emoción y la razón.

El fondo, suavemente matizado, es el lugar que marca todas las posibilidades, que se ofrece neutro y distante, atmósfera suspendida, un vacío tan concreto como la solidez. La estructura geométrica, establece una afirmación –espacios simétricos, compartimentados–, estabilizadora y organizativa.

La gran mancha de color sordo, o brillante, es el lugar de la materia sometida a tensiones. La corporalidad y la presencia, una zona pétrea, desgastada y corroída, sobre la que se ha ejercido una violencia controlada. Forma primigenia y poderosa cuya superficie reclama nuestro tacto. Geografía subterránea y orgánica, fluida y metamorfoseada, emocional e inestable. Materia viva que parece seguir evolucionando ante nuestros ojos.

Por último se erige un territorio autónomo que rompe ese esquema sólidamente trazado para introducir un desequilibrio; es el trazo de grafito que deambula inundando de manera imprevisible, atravesando en el conjunto una dosis de juego y autonomía. Rastro de la mano a la deriva como poseída por una inercia que la guía, deteniéndose, girando sobre sí misma, cambiando de sentido, rayando, anulando el pulcro fondo coloreado; una manifestación que atenta contra la previa estructuración, como un juego torpe y advenedizo donde Ciria se concede todas las libertades porque previamente se había instalado en el lugar del equilibrio y del rigor, en la estructura cuidadosamente elaborada, el pintor parece querer dinamitar ese orden para que no signifique un límite. Gesto y azar.

La obra de José Manuel Ciria parte de un profundo conocimiento de la historia de la pintura, de su teoría y de su práctica, y a veces se puebla de homenajes, desde Fragonard a Puvis de Chabannes, también en los títulos: Venus con tablero y amorcillo, Alegoría de la Natividad, La pintura de los locos, Reapropiación del culto, El loco de Leonberg, Separad las cabezas de sus cuerpos, los placeres de la danza.

Cada tela se nos ofrece como fragmento de un todo extensible hasta el infinito, narración sin principio ni fin que parece contener el abismo y que provoca una sensación de temporalidad, ligada al tiempo individual, ella misma tiempo y proceso, memoria y experiencia. Luz y sombra. Aventura que, como la vida, parecerá a veces firmemente sujeta a nuestros deseos y otras irremisiblemente poseída por lo azaroso.

Ciria practica una exploración de los límites de la pintura que es paralelamente exploración de sí mismo, construyendo desde la pasión y el análisis mediante matices y presencias avasalladoras, pintura que conjuga la inmaterialidad y el afianzamiento en la tierra. Serenidad y hondura que atraviesan el centro de las cosas.